Juan 11:28-37
SENTIR ES PARTE DEL PLAN DE DIOS
“Jesús lloró”. Juan 11:35
Muchos de nosotros conocemos a Sheldon Cooper, ese personaje que parece vivir en un mundo donde las emociones simplemente no existen. No las oculta, no las reprime, es que genuinamente no las entiende, ni las necesita. Siendo honestos, a veces eso suena atractivo. En medio de días intensos, heridas, preocupaciones y cambios de ánimo, muchos hemos pensado: “qué bueno sería no sentir tanto”. Cansados de esa montaña rusa emocional, podríamos imaginar que vivir sin emociones sería más sencillo.
Sin embargo, Dios no nos creó para vivir desconectados del corazón. Las emociones no son un error, son parte del diseño divino. El dolor, aunque difícil, nos permite reconocer la alegría; la tristeza nos enseña a valorar la esperanza; y el amor nos impulsa a acercarnos a otros. Una vida sin emociones sería una vida incompleta, sin profundidad, sin verdadera conexión. No se trata de eliminar lo que sentimos, sino de aprender a vivirlo con Dios, quien da sentido incluso a lo que no entendemos.
La misma Escritura nos muestra que Dios no es indiferente. Jesús mismo sintió, lloró ante la tumba de Lázaro, se angustió en Getsemaní, se alegró cuando sus discípulos regresaban con buenas noticias. No apagaba lo que sentía, sino que lo vivía sin perder el rumbo. Y esa es la invitación para nosotros: no dejar de sentir, sino aprender a traer lo que sentimos delante de Dios, quien puede ordenarlo, sanarlo y darle un propósito que va más allá de lo que nosotros podemos ver. En sus manos, incluso lo que sentimos más intensamente puede transformarse en crecimiento, consuelo y vida nueva.
Señor Jesús, gracias porque podemos ver tu semejanza en nosotros, en nuestras emociones. Ayúdanos a aprender a ser sinceros con nuestros sentimientos. En tu nombre oramos, Amén.