29 de junio del 2026
Salmo 135:15-21
EL SILENCIO DE LOS ÍDOLOS
“Los ídolos de las naciones son plata y oro, abra de manos de hombres”. Salmo 135:15
A simple vista, los ídolos pueden parecer dignos de admiración. Muchos de ellos son obras impresionantes, elaboradas con gran habilidad y hechos de materiales valiosos como la plata o el oro. Pero las personas no los buscan por el material con que están hechos. Se acercan a ellos esperando algo más profundo: descanso para el alma, un lugar al cual acudir en tiempos de angustia, o al menos alguien que escuche sus plegarias. Sin embargo, este salmo nos advierte de algo que debería ser obvio: son obra de manos humanas. Pueden ser hermosos, pero no tienen vida. Pueden impresionar a los ojos, pero no pueden responder al corazón. El salmo continúa diciendo que tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; tienen oídos, pero no oyen. Permanecen inmóviles, incapaces de escuchar, incapaces de actuar, incapaces de salvar. El Dios de Israel no es así. Él no es una obra de manos humanas. Él es el Creador de todas las cosas. Él oye cuando su pueblo clama. Él ve las necesidades de sus hijos. Mientras los ídolos permanecen silenciosos e impotentes, el Dios verdadero vive, gobierna y bendice a su pueblo. Por eso el salmo termina con una invitación llena de alegría: “Casa de Israel, bendecid a Jehová… los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová”. Nuestro descanso, y nuestra salvación están en el Señor que vive y reina para siempre.
Dios nuestro, líbranos de poner nuestra confianza donde no hay esperanza. Que nuestra mirada y nuestra fe, estén siempre firmes en ti. En Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.