Salmo 120:1-4
CLAMOR EN EL DÍA DE ANGUSTIA
“A Jehová clamé estando en angustia, Y él me respondió”. Salmo 120:1
Este versículo abre la serie de los llamados Salmos de peregrinación, los cánticos que el pueblo entonaba mientras subía a Jerusalén en tiempos de fiesta. Pero no siempre que alguien participa en una celebración lo hace con el corazón en calma. A veces también llegamos con el alma angustiada. Caminamos junto a otros creyentes, nos reunimos con nuestros compañeros de batalla… y aun así llevamos el pecho empapado de dolor.
Nuestro calendario puede estar lleno de fechas especiales, celebraciones y reuniones; sin embargo, el corazón puede ir cargando una profunda preocupación. La angustia es un verdugo cruel que nos oprime y roba la paz. Sin embargo, el salmista no se queda atrapado en su angustia. Hace algo decisivo: clama al Señor. Abre las compuertas de su alma y derrama su dolor delante de Aquel que puede calmar las tormentas del corazón.
La oración es uno de los regalos más poderosos que Dios nos ha dado. Cuando hablamos con Él, no solo expresamos nuestras cargas; también recordamos quién es nuestro refugio. Por eso el salmista puede afirmar algo más que su dolor: puede testificar que Dios respondió. Su clamor fue escuchado. Su angustia encontró consuelo. Y el camino hacia la casa de Dios, que comenzó entre lágrimas, terminó lleno de esperanza. ¿Has buscado ya el rostro de Dios en el día de angustia?
Gracias Señor, por escucharnos en medio de nuestra angustia y darnos consuelo frente a las dificultades. Que nuestra vida sea un testimonio de oraciones contestadas. En Jesús, Amén.