Mateo 1:1-17
SEMBRANDO FUTURO
“Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos”. Mateo 1:2
La Biblia no comienza el evangelio con un milagro espectacular, sino con una genealogía. Padres. Hijos. Generaciones. Dios obra a través de familias. Siempre se ha dicho que los hijos no nos pertenecen; pertenecen al Señor. Nosotros somos administradores. La pregunta es: ¿qué tipo de generación estamos formando?
Dios no llamó a Abraham solo para bendecirlo a él, sino para que en su descendencia fueran benditas todas las naciones. Cada generación recibe una fe y debe decidir si la conserva, la descuida o la fortalece. Necesitamos hijos que aprendan a caminar por fe, como Abraham. Que valoren la fidelidad en sus relaciones, como Isaac. Que, como David, usen sus dones para honrar a Dios. Que, como Josías, amen la Palabra. Que, como José, sean instrumentos de bendición en medio de un mundo difícil.
La genealogía de Mateo nos recuerda que la gracia de Dios atraviesa generaciones imperfectas. Hubo fallas, tropiezos y pecados en esa línea familiar. Y aun así, Dios cumplió su promesa hasta llegar a Cristo. Eso nos da esperanza. No se trata de criar hijos perfectos, sino de apuntarlos hacia el Dios fiel. Cada decisión en casa —una conversación, una corrección, un ejemplo— está sembrando futuro. El que aprende de las generaciones pasadas es sabio. Pero el que transmite fe a la siguiente está participando en el plan redentor de Dios.
Señor Jesús, derrama sobre nosotros la plenitud del Espíritu Santo para que orientemos a nuestros jóvenes y adolescentes en tus caminos. Que seamos canales de bendiciones para ellos. Amén.