Mateo 12:22-37
EL TESORO DEL CORAZÓN
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”. Mateo 12:35
Ser generoso no es solo dar dinero. Es compartir tiempo, atención, palabras amables. Es abrir el corazón y permitir que otros participen de lo que somos y de lo que tenemos. Sin embargo, muchos hogares se han vuelto pequeños mundos aislados. Cada miembro vive en su propio “rincón”. Cada uno con su pantalla, su horario, sus intereses. Buscamos independencia y comodidad. Y sin notarlo, el “mi” reemplaza al “nuestro”.
No hay nada de malo en tener pertenencias personales. El problema surge cuando lo material comienza a separarnos. Cuando compartir se vuelve incómodo. Cuando ya no comemos juntos. Cuando el tiempo en familia es sustituido por dispositivos y puertas cerradas. Jesús enseñó que lo que sale de nosotros revela lo que hay dentro. Si el corazón está lleno de egoísmo, eso es lo que producirá. Pero si está lleno de bondad, generosidad y gratitud, eso mismo se reflejará en la convivencia diaria.
Muchas veces, los hijos aprenden a cerrarse porque han visto primero el ejemplo. La generosidad comienza en los padres: en su disposición a escuchar, a ceder, a invitar, a incluir. Una familia saludable no es la que acumula más bienes, sino la que cultiva más bien. Donde nadie vive aislado, sino acompañado. La generosidad une. El egoísmo divide. Y el corazón que aprende a dar, descubre que al final siempre recibe mucho más de lo que entrega.
Señor, fuiste generoso cuando entregaste tu vida por nosotros. Haz que seamos también generosos, compartiendo nuestros bienes con los que necesitan más que nosotros. Amén.