Mateo 6:25-34
DE CRISÁLIDA A MARIPOSA
“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?”. Mateo 6:27
Un niño observaba con atención un capullo colgado de una rama. Había aprendido que, con el tiempo, de allí saldría una mariposa. Cada día miraba, esperando el momento. Hasta que un día notó un pequeño movimiento. La mariposa comenzaba a salir. Parecía un proceso lento, difícil, casi doloroso. Movido por la impaciencia —y queriendo ayudar— el niño abrió el capullo un poco más. Quería facilitarle el camino. Pero la mariposa nunca logró volar. Sus alas no se fortalecieron. Poco después, murió.
Lo que parecía crueldad del proceso era, en realidad, parte indispensable de su desarrollo. El esfuerzo de salir del capullo permitía que el fluido de su cuerpo fortaleciera sus alas. Sin lucha, no habría vuelo. En la familia ocurre algo parecido. Queremos evitarles a nuestros hijos todo dolor, toda frustración, toda dificultad. Deseamos allanarles el camino y resolverles los conflictos. Pero hay procesos que no deben ser interrumpidos. Hay luchas que forman carácter.
Jesús nos recuerda que no podemos añadir ni un instante al crecimiento forzándolo. Cada etapa tiene su tiempo. El carácter no se impone. Se forma. Si aprendemos a esperar, veremos cómo esas “crisálidas” que hoy parecen frágiles se convierten en mariposas capaces de volar por sí mismas. Y entonces entenderemos que el esfuerzo no fue en vano, sino parte del diseño perfecto del Creador.
Señor Jesús, ayúdame a ejercitar la paciencia que me has dado. Ayúdame a basar en ti el progreso de mis hijos. Que ellos puedan ser transformados en bendiciones para los demás. Amén.