Hechos 28:23-31
HECHOS, CAPÍTULO 29
“Y Pablo permaneció dos años enteros …predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”. Hechos 28:30-31
El final del libro de los Hechos no parece un final. No hay un cierre dramático ni un “colorín colorado”. Pablo sigue predicando en Roma, y de pronto… el relato se detiene. Nos deja con muchas preguntas: ¿fue liberado?, ¿fue ejecutado?, ¿qué pasó después?
Pero quizás ese “final abierto” es intencional. Porque el libro nunca trató solo de Pablo. Se trata del poder del Espíritu Santo que tomó a un pequeño grupo de discípulos temerosos en Jerusalén y los convirtió en testigos capaces de sacudir el imperio romano. Tal como Jesús lo prometió, ellos recibieron poder para ser sus testigos “hasta lo último de la tierra”. Por esto, no sorprende que el libro termine con Pablo predicando “abiertamente y sin impedimento”.
Podemos decir que el libro no termina realmente. Sigue escribiéndose allí donde el evangelio se predica, donde una puerta se abre, donde un creyente se atreve a hablar de Cristo. Cada iglesia fiel, cada discípulo obediente, cada testigo valiente está escribiendo un nuevo capítulo de esa historia. El Espíritu que impulsó a Pablo sigue activo hoy. Su poder no ha disminuido para salvar. Y el mismo Cristo que abrió puertas en Roma, abre caminos en nuestras ciudades, familias y comunidades. La historia no ha terminado. Tú y yo somos parte de los Hechos que aún se están escribiendo… hasta que Jesús regrese.
Huáscar de la Cruz
Hechos: el evangelio en movimiento
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy.
En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Señor, sabemos que tu obra no ha terminado y queremos continuar con tu obra. Úsame donde quiera que vaya para anunciar a Cristo. En quien oramos, amén.