26 de abril del 2026
Hechos 22:22-29
CUANDO CALLAR Y CUANDO HABLAR
“Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?”. Hechos 22:25
¿No le parece interesante que Pablo haya decidido usar sus privilegios como ciudadano romano precisamente en esta ocasión? Él ya había sufrido antes azotes en Filipos (Hechos 16:22–24) y fue apedreado en Listra (Hechos 14:19–20), pero en ninguno de esos casos apeló a sus derechos para evitar el sufrimiento. Esto nos dice que Pablo sabía cuándo guardar silencio y sufrir por Cristo, y cuándo hablar y defenderse para que el mensaje siguiera avanzando. No usaba su ciudadanía por orgullo, sino con propósito. Y ese propósito estaba claro: después de dar su testimonio, debía cumplirse la palabra que Dios había dicho acerca de él: “Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Pablo no buscaba reconocimiento ni comodidad. Su deseo era llevar el evangelio al corazón del imperio, al centro mismo del poder romano. Al usar sus privilegios, no se protegía a sí mismo: se encaminaba hacia su destino —apelar al César— para que el evangelio llegara hasta los oídos del mundo. Y nosotros, ¿sabemos discernir cuándo callar y cuándo hablar? El Espíritu Santo sigue guiando a su pueblo con la misma sabiduría. A veces nos llama a soportar en silencio; otras, a levantar la voz por la verdad. Como dice el salmista: “Sean gratos los dichos de mi corazón…”.
Señor, dame la sabiduría para actuar con sensatez. Guíame por medio de tu Espíritu a actuar de la manera correcta. Amén.