Hechos 18:24-28
EL ARTE DE CORREGIR CON AMOR
“Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios”. Hechos 18:26
Apolos tenía todo para sobresalir: era elocuente, conocía bien las Escrituras y hablaba con pasión. No tenía temor de aprovechar cualquier lugar para predicar a Cristo a sus compatriotas. Pero aún le faltaba algo: una comprensión más completa del evangelio. Y ahí entran en escena Priscila y Aquila, una pareja que entendió que el ministerio no consiste solo en hablar, sino también en formar.
Cuando escucharon a Apolos, no lo avergonzaron públicamente ni lo criticaron por sus errores. En lugar de eso, lo tomaron aparte y le enseñaron con paciencia “más exactamente el camino de Dios”. Esa es la diferencia entre quienes quieren tener la razón y quienes quieren formar discípulos. El resultado fue poderoso: Apolos llegó a ser uno de los grandes predicadores del Nuevo Testamento, y su ministerio tuvo un impacto duradero. Todo porque alguien tuvo la humildad de aprender, y otros la gracia de enseñar.
Hoy la iglesia sigue necesitando ese mismo espíritu: corazones dispuestos a aprender y manos dispuestas a guiar con amor. Es cierto que hay muchos predicadores que necesitan una mayor instrucción en el evangelio, pero no se gana nada para el reino usando las redes para exhibirlos. Sigamos el ejemplo de Priscila y Aquila. Corrijamos con ternura, enseñemos con gracia y recordemos que el objetivo no es ganar debates, sino ganar hermanos para el reino.
Señor, dame un corazón dispuesto a aprender y ser corregido. Y si se presenta la oportunidad, dame la sabiduría para instruir a otros en tu nombre. Amén.