Hechos 13:1-12
MISIÓN GLOBAL
“Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Hechos 13:2
El evangelio nunca fue un mensaje para quedarse en un solo lugar. Desde el principio, su destino fue el mundo entero. Y aunque hoy hablamos con naturalidad de misiones globales, con estrategias, presupuestos y planes bien organizados, el primer movimiento misionero comenzó de una manera mucho más sencilla… y mucho más poderosa.
La iglesia de Antioquía no estaba planificando una campaña, sino adorando al Señor. Mientras servían, ayunaban y oraban, el Espíritu Santo habló. Él fue quien señaló a los misioneros, trazó la ruta y encendió la llama. Por eso algunos llaman a Hechos “los Hechos del Espíritu Santo”: porque es Él quien impulsa, dirige y sostiene la misión. La iglesia, por su parte, tuvo un papel esencial. No se aferró a sus mejores hombres, sino que los envió con oración, ayuno y obediencia. Así nació la primera misión global: una iglesia local, unida en adoración, respondiendo al llamado de Dios para alcanzar a las naciones.
Esa es la clase de visión que las iglesias necesitamos recuperar: una mirada hacia afuera, confiando en que el Espíritu sigue levantando y enviando obreros hoy. Quizá el próximo Bernabé o Saulo esté en medio de nosotros, esperando que digamos lo mismo que aquella iglesia dijo hace siglos: “Apartadlos para la obra a la que los he llamado”. Porque el Espíritu sigue enviando, y la iglesia fiel sigue respondiendo.
Padre, levanta nuevos obreros que lleven tu mensaje a los lugares más apartados y necesitados de ti. Y toma en tus manos a quienes cumplen con esta gran labor. En Jesús, Amén.