Lucas 22:7-13
EN MANOS DEL MAESTRO
“y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?”. Lucas 22:11
La última cena de Jesús ha inspirado algunas de las pinturas más famosas del mundo. Es un momento íntimo y decisivo: allí Jesús instituye la Santa Cena y revela el propósito de su muerte. Pero en medio de tanta grandeza, casi pasa desapercibido un detalle sorprendente: el lugar donde todo esto ocurre fue provisto por un hombre del que no conocemos ni siquiera el nombre.
Ese dueño del aposento alto no escribió un evangelio, no realizó milagros, ni estuvo entre los héroes espirituales que solemos destacar. Era, simplemente, alguien que abrió su casa al Señor. Y con ese acto sencillo y humilde se convirtió en parte del escenario donde se desarrolló uno de los momentos más importantes de la historia de la redención.
Qué hermoso es saber que Dios no solo usa a los grandes, a los reconocidos. Dios usa a los disponibles. Usa a los dispuestos. Usa a los que simplemente dicen: “Señor, mi vida, mi casa, mi tiempo… son tuyos”. ¿Y tú? ¿Estás dispuesto a poner tu vida en manos del Maestro? Tal vez nunca pintarás una obra que sobrevivirá siglos. Tal vez tu nombre no aparecerá en libros, ni tu voz resonará en multitudes. Pero si te entregas a Jesús, si le abres las puertas de tu vida como aquel hombre anónimo abrió las de su casa, Él puede hacer contigo lo que hizo con ese aposento: convertirte en un instrumento maravilloso para su gloria.
Buen Jesús, pongo mi vida en tus manos. Úsame para cumplir con tus propósitos y prepara mi corazón y mi hogar para servirte. Amén.