26 de marzo del 2026
Lucas 17:11-19
EL MILAGRO MÁS GRANDE
“Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?”. Lucas 17:17-18
Imagínelo por un momento. Diez hombres marcados por una enfermedad que les robó casi todo: su hogar, su trabajo, su dignidad… incluso el derecho a abrazar a sus seres queridos. Diez historias de dolor caminando juntas en un solo grupo. Y de pronto, una palabra de Jesús desde la distancia, y luego el milagro. Se miran entre sí y no lo pueden creer: ¡están sanos! La piel limpia. El cuerpo restaurado. La vida de regreso. La emoción debió ser indescriptible. La mente empieza a correr: “Puedo volver a casa”, “Puedo ver a mis hijos”, “Puedo trabajar”, “Puedo volver a ser parte de algo”. Y quizá por eso —entre la alegría, el llanto y la prisa— nueve siguieron su camino sin volver atrás. No sabemos si lo hicieron por emoción, confusión o simple descuido. Pero el punto sigue siendo el mismo: no regresaron a darle gracias al Dador del milagro. Solo uno volvió. El menos esperado. Un extranjero, despreciado por su raza, pero poseedor de algo precioso: un corazón agradecido. Él entendió lo que los otros nueve no vieron: que el milagro más grande no fue recuperar la salud… sino encontrarse con Jesús. Y por eso Cristo resalta su fe. Mientras los nueve se fueron con cuerpos sanos pero destinos eternos inciertos, este hombre volvió a casa con mucho más que una piel restaurada: volvió con la seguridad de haber sido conocido, recibido y salvado por Dios.
Dame un corazón agradecido, Señor, que te alabe siempre y reconozca tu poder para sanar y salvar. Que nuestra vida te alabe siempre, Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.