18 de marzo del 2026
Lucas 11:1-13
EL SECRETO DE LA ORACIÓN
“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”. Lucas 11:1
¿Acaso no es hermosa esta escena? Los discípulos ya llevaban tiempo caminando con Jesús. Habían escuchado sus enseñanzas, visto sus milagros, y aun así reconocen que no sabían orar como debían. Y si los discípulos necesitaban aprender… ¿cuánto más nosotros? Y aun en su defecto, hay algo digno de imitar. Los discípulos no fingen saber más de lo que saben. No presumen madurez. Y esa sinceridad es parte esencial de una oración auténtica. Además, buscaron la escuela correcta. Cuando vieron orar a Jesús, entendieron que la oración no era un discurso elaborado, ni una fórmula repetida, ni un ritual mecánico. Era algo vivo. Y aprendieron algo que nosotros también necesitamos recordar: la oración no es tanto cuestión de técnica como de confianza. El contenido puede enseñarse. Las palabras pueden aprenderse. Las disciplinas pueden practicarse. Pero el corazón de la oración es esto: creer que Dios es Padre, y que su puerta está abierta. Por eso Jesús, en este mismo capítulo, dirá: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lucas 11:9). Haz lo que hicieron los discípulos: Acércate a Jesús. Mira cómo ora. Pídele que te enseñe. Porque el secreto no está en orar “mejor”, sino en confiar más profundamente. La oración comienza cuando un hijo se acerca a su Padre con sencillez, con necesidad y con fe.
Señor Jesús, dame un corazón que refleje con sinceridad y sencillez mis palabras, pero sobre todo, más fe y confianza en que nuestro Padre me escucha y responderá. Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.