16 de marzo del 2026
Lucas 10:17-23
EL GOZO DEL ESPÍRITU
“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. Lucas 10:20
El evangelio no es enemigo de la alegría. Pero aun en el evangelio hay de gozo a gozo. Hay un gozo profundo que produce la obra del Señor: un consejo que dio fruto, una división sanada. Pero a veces ese gozo puede desviarse a celebrar los resultados y perder de vista al dador. Es algo más o menos como ocurrió a los discípulos, contentos de que aun los demonios se les sujetaban en el nombre de Cristo. Jesús sabe algo más. Sabe que hay un gozo aún más profundo… un gozo más grande que el poder… más grande que los resultados, más grande que la victoria visible. Él los llama a elevar su gozo, no tanto por lo que pasó con el maligno, sino por lo que Dios ha hecho en ellos. Este es el gozo que permanece. Es el gozo que no depende de cuántos escucharon, cuántos se convirtieron, o cuántos milagros ocurrieron. Es el gozo que nace del Espíritu…el gozo de la salvación. Es también el gozo que alegra el corazón de Dios. Porque se trata de alegrarse en lo más profundo: en su gracia. La gracia que rescata al perdido, levanta al caído y perdona al culpable. Este es el gozo de saber que el Dios que salva… salva completamente. Y esta salvación representa la victoria más grande sobre el enemigo. Porque Satanás, que reclama autoridad sobre nuestras almas, es confrontado con una verdad que no puede negar: que ya no le pertenecemos… que ahora somos de Cristo.
Gracias Dios por el regalo de la salvación. Que nuestras vidas celebren tu gracia y amor, y reconozcan que nos liberado de las manos del enemigo. En Cristo Jesús, Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.