Eclesiastés 4:1-12
¿ESTÁS SOLO?
“Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano…” Eclesiastés 4:8
La soledad es una realidad cada vez más común. Muchas personas la viven por distintas razones: un divorcio, la distancia familiar, la falta de amistades cercanas, un cambio de trabajo. Esa sensación puede vaciar nuestra alegría y hacernos preguntar, como el autor de Eclesiastés, cuál es el verdadero sentido de la vida. Intentamos llenar ese vacío con cosas buenas —éxito, placer, dinero, reconocimiento—, pero todas tienen un límite. Nos ofrecen momentos de satisfacción, pero no un propósito duradero.
¿Sabías que no fue siempre así? Dios creó al ser humano para vivir en compañía. Cuando vio a Adán solo, dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18), y le dio a Eva. La vida fue pensada para disfrutarse en comunión: con Dios y con los demás. Pero el pecado cambió las cosas. Introdujo la envidia, la competencia y el egoísmo. Lo que antes era cooperación se volvió lucha; lo que era cercanía se volvió distancia.
Aun así, Dios no nos ha dejado solos. Él conoce la soledad del corazón humano. Nos ofrece su presencia constante, su amistad fiel y su compañía en medio de todo. En Jesús encontramos el amigo que nunca falla, el que camina a nuestro lado incluso cuando nadie más lo hace. ¿Te sientes solo hoy? Busca la compañía del Salvador. Él siempre está cerca, especialmente en los momentos en que más lo necesitas.
Padre, ayúdanos a buscar tu presencia en nuestros momentos de soledad. Y recuérdanos que nunca estaremos solos. En Jesús, Amén.