1 Corintios 11:23-26
NUEVO PACTO
“Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”. 1 Corintios 11:25
La Cena del Señor es uno de los momentos más profundos y significativos en la vida de la iglesia. Cada vez que compartimos el pan y la copa, recordamos que nuestra esperanza y nuestro perdón están en Jesús, y solo en Él. No se trata de un simple ritual, sino de una proclamación viva: Cristo murió, resucitó y sigue obrando en nosotros hoy.
Recordar no es algo nuevo. Todos lo hacemos al mirar fotos, visitar lugares o hablar de quienes amamos. Pero en la Cena del Señor, Jesús nos invita a mirar al pasado —a la cruz donde todo cambió—, pero también a mirar hacia el futuro, cuando volverá. Cada vez que participamos de la comunión, celebramos una historia que aún continúa: la historia de su amor redentor que sigue transformando vidas. Jesús llamó a este acto “el nuevo pacto”, cumpliendo la promesa que Dios había hecho mucho tiempo atrás (Jeremías 31:31–34). En la cruz, ese pacto se selló con su sangre, asegurando para siempre nuestra reconciliación con Dios.
Así como los alimentos fortalecen nuestro cuerpo, participar de la Cena del Señor renueva nuestra alma. Nos recuerda que dependemos de Cristo para todo: para ser perdonados, para perseverar y para servir con fidelidad. Si alguna vez este acto te ha parecido algo secundario, detente y piénsalo bien: fue el mismo Cristo quien lo instituyó y nos mandó hacerlo en memoria de Él.
Señor Jesús, sé que moriste en la cruz por mi causa, y que me has dado una vida nueva. Que el recuerdo de tu sacrificio me renueve. Amén.