04 de diciembre del 2025
Isaías 40:18-26
UN DIOS ACCESIBLE
“¿Con quién van ustedes a comparar a Dios? ¿Con qué imagen van a representarlo?” Isaías 40:18
Esta es una pregunta que nos abruma. ¿Cómo representar a Dios? Aún no encontramos cómo describir cosas tan profundas como la luz o el alma... ¿Y vamos a representar al Creador del universo? No se trata de que Dios ande buscando un buen escultor. Es el corazón humano que arde en deseos de fabricarse un ídolo. Queremos reducir a Dios a algo que podamos ver, tocar, comprender… o controlar. Por eso el profeta se burla de los ídolos: obras de manos humanas, talladas con esmero, cubiertas de oro, fijadas con clavos para que no se tambaleen. Buen trabajo. De alto valor... pero inútiles. No oyen. No hablan. No ven. Y lo más grave: no pueden compadecerse de nosotros. ¿Y de dónde sacaremos una copia de Dios? No hay criatura, no hay idea, no hay imagen que lo abarque. El problema no es solo de ayer. Hoy seguimos fabricando ídolos, aunque sean más sofisticados. Hacemos a Dios a nuestra imagen: alguien que aprueba nuestros gustos, bendice nuestras decisiones y nunca nos contradice. Queremos un Dios manejable. Pero al querer hacerlo más cercano, corremos el riesgo de hacerlo inútil. Dios no necesita que lo hagamos accesible. Él ya se ha revelado en Jesucristo, el único que puede decirnos: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Si quieres conocer al Dios invisible, mira a Jesús: compasivo, santo, veraz, poderoso, lleno de gracia.
Dios bendito, Ayúdanos a conocerte como te has revelado en Cristo, a adorarte con reverencia, y a confiar en ti como el Dios vivo que ve, habla, escucha y nos ama. En Cristo, amén.
Cada vez que abrimos el Nuevo Testamento, lo primero que encontramos son los evangelios. Y tiene mucho sentido, porque allí se nos narra la venida, vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, mucho antes de que Él apareciera en la historia, ya había una voz que anunciaba con claridad sorprendente los eventos que estaban por venir. Esa voz fue la del profeta Isaías. Por eso, no es de extrañar que muchos se refieran al libro de Isaías como “el quinto evangelio”. En sus páginas encontramos no solo advertencias de juicio, sino también promesas de restauración, consuelo y esperanza. Isaías no solo anticipó el sufrimiento del pueblo en el exilio, sino también la venida del Mesías, su nacimiento virginal, su ministerio, su pasión y su gloria. En este tiempo del año, cuando el mensaje de la venida de Cristo se escucha por todas partes, te invitamos a detenerte y dejar que las palabras de Isaías hablen a tu corazón. Que su mensaje sea para ti, no solo poesía antigua, sino buenas nuevas vivas, que alientan, consuelan y apuntan con poder a Jesús, nuestro Salvador.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene 4 hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como director de Ministerio Reforma.