Isaías 4:2-6
EL DIOS DE LOS NUEVOS BROTES
“En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel”. Isaías 4:2
Un año más está a punto de culminar. Algunos celebran logros; otros lamentan pérdidas. En ambos casos, hay un anhelo común: que algo nuevo surja, que lo próximo sea mejor, que haya fruto después del invierno. Isaías escribió estas palabras en un contexto de juicio. El pueblo de Dios enfrentaba las consecuencias de su rebelión. Pero en medio de la devastación, aparece una promesa: el renuevo de Jehová.
¿Qué es ese renuevo? En la teología del Antiguo Testamento, es una imagen de esperanza mesiánica, de algo (o alguien) que brota de lo aparentemente seco. Este renuevo no es obra humana, es de Jehová, y por eso su hermosura es real, su gloria es duradera.
Dios no olvida a los sobrevivientes, a los quebrantados, a los que han pasado por fuego. Para ellos es esta palabra: el fruto de la tierra será para grandeza y honra. Donde hubo pérdida, vendrá fruto. Donde hubo humillación, vendrá honra. No por las fuerzas humanas, sino por la gracia del Dios que hace brotar vida aun en la tierra reseca. Si este año ha dejado en ti cansancio, confusión o dolor, no estás solo. Pero recuerda: el Dios de los comienzos también es el Dios de los nuevos brotes. Él no desecha a los que han sido heridos; a ellos promete restauración. El renuevo es Cristo, y en Él hay hermosura, gloria y fruto verdadero.
Bendito Dios, Gracias porque en Cristo hay esperanza, incluso cuando parece que todo ha sido podado. Haz brotar en mí un nuevo fruto. En el nombre de tu Hijo, Amén.