Juan 15:9-17
LA DINÁMICA DEL AMOR
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8
Existe un dicho popular: “hoy por ti, mañana por mí”. Lo usamos para expresar que las relaciones funcionan en dos sentidos: yo te ayudo, tú me ayudas. Damos a quienes nos dan, respondemos a quienes nos buscan, amamos a quienes nos aman. Es una dinámica casi automática: si alguien nos trata bien, respondemos igual; pero si alguien nos hiere o nos rechaza, el corazón fácilmente se cierra o incluso responde con la misma moneda. Así funcionan gran parte de nuestras relaciones humanas, marcadas por el intercambio y la condición.
Sin embargo, el evangelio nos presenta un camino completamente distinto. El amor de Dios no nace como respuesta a nuestra bondad, sino que fluye desde su propia naturaleza, porque Él es amor. Y ese amor tuvo un costo muy alto: Cristo entregó su vida por nosotros cuando aún éramos pecadores. No esperó a que fuéramos dignos, no exigió que primero cambiáramos. Su amor tomó la iniciativa, se acercó, perdonó y abrió una puerta donde antes solo había distancia y enemistad.
Ese mismo amor es el que Dios quiere producir en nosotros. No lo fabricamos con esfuerzo propio; nace cuando entendemos profundamente cómo hemos sido amados. Cuando la gracia recibida se convierte en gracia entregada, las relaciones dejan de funcionar con el “hoy por ti, mañana por mí” y empiezan a funcionar con algo mucho más parecido al evangelio: un amor que toma la iniciativa, que perdona sin que le pidan, que sirve sin esperar recibir, porque nace del mismo corazón de Dios.
Padre, nuestras relaciones son tan comunes y previsibles, solo sabemos dar a quien nos da. Ayúdanos a demostrar tu amor y llénanos con el don del sacrificio de Cristo. En su nombre, Amén.