Isaías 7:10-17
NO SE CONFUNDA DE SEÑAL
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14
Ya estamos acostumbrados a oír del “milagro de Navidad”. A veces, se refiere a una familia reconciliada, a una enfermedad superada, o a algún gesto inesperado de bondad. Pero con frecuencia se olvida el verdadero milagro: que Dios mismo decidió hacerse presente entre nosotros.
La señal no apareció en una noche de paz y luces. Dios la dio en un momento oscuro. Judá estaba amenazada. Reinaba el miedo, la inseguridad y la incertidumbre. El rey Acaz, lejos de confiar en el Señor, prefería alianzas humanas y decisiones desesperadas. Sin embargo, Dios no esperó a que le buscaran. Tomó la iniciativa. Aunque el rey no pidió señal, el Señor la ofreció: una virgen concebiría y daría a luz un hijo. Su nombre sería Emanuel: Dios con nosotros.
Esa promesa no se cumplió de inmediato. Pasaron siglos. Pero cuando el tiempo llegó, en una noche sencilla y sin brillo aparente, la señal brilló más que cualquier estrella: el Hijo de Dios nació en un pesebre. No vino rodeado de lujos ni privilegios, sino en humildad, para estar con nosotros… para salvarnos. Dios ya te ha dado la señal más clara de su amor. Su nombre es Jesús. Él es la prueba de que Dios no nos ha olvidado. Es la evidencia de que él sigue comprometido con tu salvación, tu vida y tu futuro. Esta noche celebramos a Emanuel: Dios contigo, Dios conmigo, Dios con nosotros. No hay mejor regalo que ese.
Señor Jesús, gracias porque tú eres la señal que necesitábamos. Ayúdanos a recordar que no estamos solos, porque tú eres Emanuel: Dios con nosotros, ahora y para siempre. Amén.