Levítico 4:27-31
¡NO LO SABÍA!
“Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, […] así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado”. Levítico 4:27, 31
Raquel llamó a Juan a su despacho para hablar sobre su desempeño laboral. Algunos clientes se habían quejado de que últimamente parecía distante y poco amable. Lo que ella no sabía era que Juan estaba atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida: un divorcio doloroso mientras cuidaba de su madre enferma. Si hubiera conocido toda la historia, probablemente habría reaccionado con más comprensión y compasión.
Algo parecido puede ocurrir en nuestra vida diaria. A veces herimos a otras personas sin proponérnoslo. Decimos palabras que lastiman, actuamos con impaciencia o pasamos por alto las necesidades de quienes nos rodean. En ocasiones ni siquiera somos conscientes del daño que causamos y nos gustaría alegar ignorancia. Pero nuestras acciones siguen teniendo consecuencias, y eso nos recuerda cuán necesitados estamos de la gracia de Dios.
La buena noticia es que Dios conoce nuestro corazón mucho mejor que nosotros mismos. Él ve no solo nuestros pecados evidentes, sino también aquellos de los que apenas somos conscientes. Y precisamente por eso nos ha dado un Salvador perfecto. Jesucristo ofreció el sacrificio definitivo por nuestros pecados, cubriendo por completo nuestra culpa. Gracias a Él podemos descansar en la certeza de que somos perdonados, incluso por aquellas faltas que solo Dios alcanza a ver.
Dios nuestro, gracias porque en Jesús quitas nuestra culpa para que podamos estar en paz contigo. En su nombre oramos, amén.