Juan 21:1-25
PLACER DE VIVIR
“Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan”. Juan 21:9
Después de la resurrección, los discípulos llegan a la orilla… y encuentran a Jesús haciendo desayuno. Brasas encendidas. Pan. Pescado. No es un sermón. Es una comida compartida. Ese detalle es hermoso. El Señor resucitado preparando algo sencillo para los suyos. Ser familia también es eso: momentos simples. Reírse juntos. Comer sin prisa. Ver una película sin culpa. Salir a caminar. Escuchar música. Conversar sin agenda. No todo en el hogar es corrección, disciplina y responsabilidad. También es disfrute.
A veces espiritualizamos tanto la vida que olvidamos que Dios creó el descanso, la risa y la mesa compartida. Jesús asistió a bodas, aceptó invitaciones, celebró comidas y se retiró a descansar. No rechazó los buenos regalos del Padre; rechazó lo que esclaviza y destruye. La casa que frecuentaba en Capernaúm solía estar llena de gente. Para Él, la familia no era solo un vínculo de sangre, sino una comunidad que hace la voluntad de Dios. Eso significa que el gozo también forma parte de la obediencia.
Una familia que aprende a disfrutar lo bueno que Dios da, sin excesos ni culpas innecesarias, refleja equilibrio. No vive para el placer, pero tampoco lo desprecia. Porque cuando Cristo está en el centro, incluso unas brasas encendidas a la orilla del mar se convierten en un recordatorio de que la fe también sabe sonreír.
Jesús, gracias por darnos ejemplo de alegría y relajamiento. Permite que nos libremos de las tensiones del trabajo cotidiano y podamos vivir una vida saludable con familiares y amigos. Amén.