Éxodo 25:1-9
DIOS, NUESTRO VECINO
“Y háganme un santuario para que yo habite entre ellos”. Éxodo 25:8
¿Se ha imaginado alguna vez que pudiera tener a Dios de vecino? Para muchos puede sonar a broma. Hay quienes creen en Dios, pero lo conciben como un ser distante, alejado, y, a veces, hasta indiferente hacia los seres humanos. Piense, por ejemplo, en el dios inaccesible de la filosofía griega, o en el dios tipo relojero de los deístas. Ellos no admiten a un dios preocupado con lo que ocurre en este mundo corrompido y pasajero.
Pero ese no es el Dios del que habla la Biblia. En sus páginas se habla de un Dios profundamente relacionado con su creación. Él se preocupa tanto por sus criaturas, que se hizo como uno de nosotros para rescatarnos de nuestra ruina. Él se interesa en usted.
En este pasaje Dios anuncia que va a habitar en medio de su pueblo y que, en este peregrinaje que comienzan, él se unirá a su marcha. Quizá ellos nunca han recorrido este camino antes, pero su presencia en medio de su pueblo debe ser motivación suficiente para avanzar sin temor. Usted y yo también necesitamos tener una convicción firme de que él está con nosotros. Que él no nos abandona en nuestro difícil peregrinar al atravesar desiertos, tempestades y caminos peligrosos. Él nos acompaña como un padre lleva de la mano a sus hijos al cruzar terreno resbaloso. ¡Y no lo olvide: El lugar que a él le corresponde es en el centro!
Gracias, Señor, porque tú habitas en medio de tu pueblo, y porque en Jesucristo, tú hiciste visible esa presencia. En su nombre, oramos, amén.