Isaías 1:10-17
DIOS NO SOPORTA LAS APARIENCIAS
“No me traigan más ofrendas sin valor; no soporto el humo de ellas. [...] No soporto las fiestas de gente que practica el mal”. Isaías 1:13
No podemos engañar a Dios; Él conoce nuestro corazón y no se deja llevar por las apariencias. Sin embargo, quienes sí pueden engañarse somos nosotros mismos. Existe el riesgo de tratar de impresionar a Dios con una religiosidad externa, una fachada de fe que no refleja nuestra verdadera condición interior. Pero ¿alguna vez se ha detenido a pensar en lo que Dios piensa de nuestros vanos intentos de presumir nuestra piedad?
De eso trata este primer capítulo de Isaías. La manera en que Dios habla es tan fuerte que no vacila en comparar a su pueblo con Sodoma y Gomorra. No es que los israelitas se hayan olvidado de la adoración; al contrario, ellos se ufanaban de un ceremonial ostentoso con el que creían podían impresionar a Dios, pero no era así. Y si a ellos no les funcionó, no piense que a usted le irá mejor.
¿Se imagina que Dios se llegue a cansar de las ofrendas y sacrificios que él mismo ha establecido? Es doloroso pensar que nuestra misma presencia en el culto le resulte desagradable, pero la razón es simple: viene de "gente que practica el mal". Antes que sacrificios, Dios nos pide obediencia y esto significa obedecer al Señor de todo corazón. Una fe superficial nos desvía de una relación auténtica con Dios y puede hacer que olvidemos que lo que Él valora es la sinceridad y la humildad del corazón, no las meras acciones externas.
Abre, oh Dios, mis oídos, mi mente y mi corazón, para que pueda escucharte y servirte en espíritu y en verdad. Que mi adoración sea genuina. En Jesús, amén.