1 Pedro 1:13-21
AIRES DE FAMILIA
“Pues la Escritura dice: Sean ustedes santos, porque yo soy santo”.
1 Pedro 1:16
"Cuando sea grande, quiero ser como tú". Si eres padre, habrás notado que, de pequeños, nuestros hijos nos observan con admiración y tienden a imitarnos. Hablan como nosotros, actúan como nosotros, e incluso sueñan con ser como nosotros. Y aunque llega el momento en que buscan marcar su propia identidad y diferenciarse, hay rasgos que parecen imborrables.
Cuando Dios recibe a los creyentes en su familia, pone en ellos un anhelo natural de decir: "Cuando sea grande, quiero ser como mi Padre celestial". Nuestra vida debería reflejar cada vez más su carácter santo, tal como nos exhorta el pasaje de hoy. Nuestra conducta no solo debe honrarlo, sino también provocar en Él el orgullo de un Padre que reconoce a sus hijos. Que Dios pueda mirarnos y declarar con alegría: "Ese es mi hijo".
¿Es esto realmente posible? ¿O se trata más bien de un ideal reservado únicamente para una élite espiritual? La respuesta bíblica es clara: no solo es posible, sino también necesario. Desde las primeras líneas de la carta, el apóstol declara: “Por medio del Espíritu, Dios los ha santificado para que le obedezcan y sean purificados con la sangre de Jesucristo”. ¡Ánimo, hijos de Dios! No están solos en esta tarea. Dios no solo camina junto a ustedes; está en ustedes por medio de su Espíritu, obrando para llevar a cabo este propósito hasta su plenitud.
Padre celestial, quiero ser como tú pero a veces no sé cómo hacerlo. Obra en mí a través de tu Espíritu para que crezca en santidad. En el nombre de tu Hijo, amén.