Santiago 3:1-12
LAS PALABRAS NO SE LAS LLEVA EL VIENTO
“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”.
Santiago 3:2 RVR60
Me imagino que Facebook asume que, a mi edad, debo cuidar muy bien mi alimentación. Sin embargo, desearía que también me recordara cuidar lo que sale de mi boca. “No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca”, dice Jesús (Mateo 15:11 LBLA).
“Todos ofendemos muchas veces”, nos recuerda Santiago. Y no se sienta ofendido, porque apenas está comenzando. Él se refiere a personas que asisten a la iglesia, que anhelan ocupar cargos de liderazgo o enseñar a otros. Santiago conoce nuestras debilidades y tiene la intención de confrontarlas con un correctivo necesario.
Lo que Santiago tiene en mente es claro: somos descuidados al hablar, y con frecuencia mostramos poca preocupación por el daño que nuestras palabras pueden causar. En nuestras reuniones, a menudo aprovechamos la ocasión para hacer bromas a costa de otros o comentarios insensibles, justificándolos bajo el manto de la amistad. Es cierto que las palabras tienen poder, pero muchas veces ese poder se utiliza para herir y lastimar, en lugar de animar, edificar o afirmar. Qué bendición es saber que la lengua no está fuera del poder redentor de Cristo. Si Santiago aborda el tema es porque quienes confesamos el nombre de Cristo no podemos estar tranquilos, si la obra santificadora del Espíritu Santo no llega hasta nuestras palabras.
Bendito Dios, pongo en tus manos mi boca, para que lo que salga de ella sea para edificar y animar, no para lastimar y destruir. En Cristo, amén.