2 Juan 1:1-13
OTRA CARTA DE AMOR
“El anciano saluda a la comunidad escogida por Dios y a los que pertenecen a ella. Los amo de veras…”
2 Juan 1:1
¿Qué ves cuando miras a una iglesia local en tu comunidad? ¿Qué es lo que más te llama la atención: sus fallas, sus luchas, sus retos? Conozco personas que se han desilusionado de ella, y, a veces, tristemente, hablan de la iglesia de forma despectiva. Es como si se tratara de un grupo cualquiera, abierta a nuestro juicio, y hasta, en cierta forma, innecesaria.
Los apóstoles de Cristo, que plantaron las primeras congregaciones, no pensaban igual. La iglesia de Cristo y quienes pertenecen a ella son, de acuerdo a ellos, realmente algo especial. Son una “comunidad escogida por Dios”, no meramente una asociación humana voluntaria. Pablo, el apóstol, amplía la idea hasta indicar que quienes la integran estaban en el designio divino “desde antes de la fundación del mundo”.
Esto no quiere decir que la iglesia no enfrente conflictos serios y amenazas graves. Los creyentes a los que Juan se dirige enfrentaban doctrinas falsas y predicadores astutos, y él les advierte acerca de ellos. Pero en lugar de dirigirse a ellos con menosprecio, él les reitera su amor, y les hace patente su alegría por verlos mantenerse en la verdad. Esto es consistente con el carácter de Dios, quien ha extendido su “gracia, misericordia y paz” a quienes ha llamado a formar parte de su iglesia. Y esto vale la pena compartirlo con otras iglesias hermanas en la misma lucha.
Padre bendito, gracias por llamarme a formar parte de tu pueblo, y preservar a tu iglesia en medio de las pruebas. En Jesús, Amén.