2 Corintios 12:1-10
¿QUÉ PASA CUANDO DIOS DICE QUE NO?
“…respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
2 Corintios 12:8-9
Hay algunas cosas de este pasaje que no sabemos con certeza, como, por ejemplo, en qué consiste el aguijón que atormentaba al apóstol Pablo. Pero algo que sí sabemos es que el apóstol pidió algo al Señor y Dios le respondió que no. En realidad, él no pedía algo pecaminoso o trivial, sino la liberación de una incomodidad que afectaba su desempeño. Pero Dios dijo que no, y ¿qué pasa cuando obtenemos un “no” evidente como respuesta a nuestra súplica?
Aunque ésta no es la respuesta usual de Dios, el caso de Pablo nos ilustra cómo el Señor actúa en ocasiones. Pablo era un gran cristiano, un ministro consagrado y dispuesto a todo por la obra del Señor. Tal vez esperaríamos que un siervo así recibiera todo lo que pidiera a Dios. De hecho, él insistió en su petición, pero cuando él escuchó la respuesta del Señor, se sometió a su voluntad. “Bástate mi gracia”, fueron palabras suficientes para él, y deberían serlo para todo creyente.
La gracia de Dios es lo que tú y yo necesitamos más que cualquier otra cosa. Satanás, es cierto, quiere aprovechar la ocasión para destruirnos, pero Dios usa nuestras debilidades para mantenernos en dependencia de él. Y, es en esos momentos en que como humanos sentimos nuestra debilidad, cuando más fuerte somos. ¿Por qué? Porque el Señor no nos dejará solos. Su poder se muestra de manera más plena en la debilidad.
Padre nuestro que estás en los cielos, te damos gracias por tu promesa de tenernos siempre a tu lado. Te pedimos que nos mantengas siempre bajo mano de tu gracia. En Jesucristo, Amén.