Filipenses 4:4-7
¿ES POSIBLE ESTAR SIEMPRE ALEGRES?
“Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!”.
Filipenses 4:4
El apóstol Pablo se encontraba en una cárcel romana al escribir esta carta. Los grilletes podían inmovilizar su cuerpo, pero no su espíritu. Por eso no sorprende su exhortación a la iglesia: “¡Alégrense!”. Durante la época decembrina los hermosos cantos navideños nos animan a alegrarnos. Y en las celebraciones navideñas oiremos hablar de la “buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos” (véase Lucas 2:10).
Pero algunas personas, sea en esta época, o en cualquier otra, tienen dificultades para experimentar esta alegría. La vida parece haberse ensañado con ellos, y a veces, hasta Dios les parece ausente. Sin embargo, lo que Pablo dice, desde condiciones adversas es revolucionario. Aun si experimentamos tiempos difíciles, debemos alegrarnos. La alegría coexiste con el dolor, sobrevive a las lágrimas, e inunda nuestro ser mismo cuando atravesamos los desiertos más áridos de la vida.
Por supuesto, la alegría de la que habla Pablo es mucho más profunda que tratar de ver el lado bueno de las cosas. Y no se nos dice que nos alegremos de las cosas trágicas que nos puedan suceder. Se nos insta a alegrarnos en el Señor, porque Jesús vino a salvarnos del pecado y de la muerte. Gracias a Cristo, podemos alegrarnos incluso con lágrimas en los ojos. Pide al Espíritu Santo que te ayude a alegrarte en el Señor, sea cual sea tu condición.
Señor de los cielos, ayúdanos a encontrar tu alegría incluso a través de nuestras lágrimas, y a recordar que has venido para convertir nuestro lamento en alegría. En el nombre de Jesús, amén.