Efesios 4:1-6
LA PACIENCIA DEL CRISTIANO
“Por esto yo… les ruego que se porten como deben hacerlo los que han sido llamados por Dios… tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor”.
Efesios 4:1-2
Así como Dios es paciente, nosotros también debemos imitarlo en este atributo. La Biblia también la denomina longanimidad, es decir, la capacidad generada por el Espíritu Santo en la vida del cristiano en la que puede soportar ciertas afrentas sin enfadarse. Lo contrario de ser paciente es tener la mecha corta, ser rápido para reaccionar de forma abrupta, impaciente, airada y desequilibrada en una situación desafiante y estresante.
Pablo escribió: “También les encargamos, hermanos, que reprendan a los indisciplinados… y que tengan paciencia con todos” (1 Tesalonicenses 5:14). El jefe debe ser paciente con el empleado. Los padres deben ser pacientes con sus hijos (Col. 3:21), los ministros del Evangelio deben ser pacientes con sus ovejas. El esposo tiene que ser paciente con su esposa, los hijos tienen que ser pacientes con sus padres, y así sucesivamente.
¿Por qué es tan importante el ejercicio de la paciencia? Las personas impacientes se meten en problemas. Las personas impacientes se precipitan. Hablan a destiempo. Toman decisiones apresuradas. La impaciencia puede destruir vidas, hogares y relaciones. Haz un análisis. ¿Cuándo y en qué circunstancias tiendes a ser extremadamente impaciente? ¿Qué cambios necesitas hacer en tu forma de actuar y de pensar para convertirte en una persona paciente?
Ayúdame, Padre, a mejorar mi carácter y no ser impaciente en las situaciones o con personas que me rodean. Dame atributos dignos de un hijo tuyo. En el nombre de Cristo Jesús, amén.