Juan 9:1-12
NO MÁS CIEGO NI MENDIGO
“Los vecinos y los que antes lo habían visto pedir limosna se preguntaban: —¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?”.
Juan 9:8
“El que se sentaba a pedir limosna”. Aquí tenemos un verbo en pretérito imperfecto de acuerdo a la gramática española. Con esa sencilla conjugación el relato nos dice que la condición del hombre estaba, literalmente, en el pasado. ¿De quién se trata? No se nos dice su nombre, pero sí que era ciego de nacimiento. No sabemos su edad, pero sí las circunstancias que lo llevaron a convertirse en mendigo.
Entonces aparece Jesús, y la ceguera tuvo un encuentro con la luz del mundo (Jn. 8:12). La miseria tuvo un encuentro con el Pan de Vida (Jn. 6:48). ¡Jesús verdaderamente transforma! La Biblia es precisa cuando dice que sus vecinos le conocieron simplemente como un mendigo. Es preciosa también cuando dice que tal situación es cosa del pasado. La mano divina no sólo tocó su cuerpo, sino también sus condiciones de vida. La obra de Cristo es completa y suficiente.
El hombre era ciego, pero ya no lo es. Era mendigo, pero ya no lo es. El contraste entre el pasado y el presente es sorprendente. El viaje con Jesús está lleno de cambios. Él redime el pasado, bendice el presente y garantiza el futuro. Es tan bueno saber que hay cosas que ya no se nos atribuyen. “Dios nos libró del poder de las tinieblas y nos llevó al reino de su amado Hijo, por quien tenemos la liberación y el perdón de los pecados” (Col. 1:13-14). ¡Aleluya!
Bendito Dios, soy testigo de tu gran poder para transformar vidas. Te alabo porque confiando en ti, sé que mi pasado no me ata, y mi futuro es maravilloso. En el nombre de Jesús, amén.