Juan 2:1-12
CUANDO JESÚS ESTÁ PRESENTE
“Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo: —Ya no tienen vino”.
Juan 2:3
El primer milagro de Jesús ocurre en Caná de Galilea. Una boda es el escenario de la asombrosa transformación del agua en vino. Aún hoy, cuando alguien sufre un cambio radical, es muy común que se use la frase “del agua al vino”. Dios sigue cambiando historias, porque su especialidad son las transformaciones.
No cabe duda de que fue una sabia decisión que la pareja invitara a Jesús a la fiesta. Por lo general, los seres humanos invitan a Jesús en los momentos que enfrentan sufrimiento, pero se olvidan de él en las ocasiones de alegría. Su presencia en la fiesta no impidió que se acabara el vino, pero logró que se superara la escasez. El Señor no nos promete liberarnos de las aflicciones, pero sí darnos la paz que necesitamos (Jn. 16:33). Cuando nos sometemos a los designios soberanos de Dios grandes cosas suceden.
En los festejos nupciales del tiempo de Jesús, acabado el vino se terminaba la fiesta. ¿Se imagina la angustia y la posible vergüenza para esta familia? Pero ¡qué bueno que Jesús está presente! Él transforma aquellas tinajas llenas de agua en un vino de un sabor superior al del que hasta ese momento se había servido. Por eso, si tiene un festejo, no olvide incluir a Jesús en la lista de invitados. Él no evitaba este tipo de compromisos. Y qué preciosa lección: ¡con Jesús, la fiesta siempre continúa!
Gracias, Jesús, porque tú prometes estar con nosotros en los días buenos y en los malos. Confiamos en tu control sobre todas las cosas. En tu nombre oramos, amén.