Marcos 7:24-30
EL CORAZÓN QUE A JESÚS LE AGRADA
“Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”.
Marcos 7:28 RVR60
Jesús nunca pasa desapercibido. Aunque esa era su intención al salir del territorio israelita, no lo pudo lograr. Siglos atrás, el profeta Elías también había venido a esta región con la esperanza de que nadie lo encontrara, y estuvo escondido allí algún tiempo. En el caso de Jesús, su poder y santidad saltaban a la vista por todas partes.
Es una madre, cuyo nombre no se nos dice, quien lo reconoce. Es una mujer que no pertenece al pueblo de Israel, quien, además, tiene una hija pequeña oprimida por un espíritu maligno. Su corta edad no la libra de enfrentar una situación angustiosa como ésta. Esta familia necesita recibir la paz y, quien más si no es Jesús para proporcionársela.
Solo hay un problema: el ministerio de Jesús está dirigido primeramente a su pueblo (Mateo 15:24). Usando una frase típica de la época Jesús dice: Primero deben comer los hijos, y después los perrillos. Pero la mujer insiste, y, al hacerlo, conquista el corazón de Jesús. “Sí, Señor” es la expresión de su corazón sufriente. Doloroso, pero obediente. Cristo no puede resistirse a un corazón sumiso. Al mendigar las migajas de Jesús, esta mujer recibió una gran bendición. Cuando se trata de Jesús, no nos corresponde decir “No, Señor”. Cualquier petición debe ir precedida de una expresión de obediencia.
Señor Jesús, danos sabiduría y entendimiento para responderte con sumisión. Haz de nosotros hijos dóciles que sepan escuchar y obedecer. Amén.