Mateo 17:1-8
LA PRESENCIA DE DIOS
“Mientras Pedro estaba hablando, una nube luminosa se posó sobre ellos, y de la nube salió una voz, que dijo: «Éste es mi Hijo amado, a quien he elegido: escúchenlo»”.
Mateo 17:5
A menudo los niños pequeños ven cada nube en el cielo como un pequeño milagro. Con su imaginación, les encanta descubrir todo tipo de dibujos en las formaciones de nubes: animales graciosos, postres deliciosos, rostros humanos sonrientes y mucho más. Después, los niños van a la escuela y aprenden a clasificar las nubes en varios tipos con extraños nombres en latín. ¿Les hace esto olvidar cómo ver cosas en las nubes, cómo alegrarse de sus descubrimientos? Puede que sí.
En el lenguaje bíblico, una nube se relaciona a menudo con la presencia, la gloria y la grandeza de Dios. En la transfiguración de Jesús, su rostro resplandece como el sol y sus vestidos se vuelven de un blanco resplandeciente. Luego, una nube blanca y brillante cubre a todos los presentes, y una voz dice: «Éste es mi Hijo amado, a quien he elegido: escúchenlo».
La transfiguración no sólo corrobora la identidad de Jesús como Hijo de Dios; la voz también revela que es el portavoz de Dios. Aquí se nos da una visión de la gloriosa victoria de Dios, una garantía de que el camino de Jesús es realmente el camino verdadero. En el rostro transfigurado de Cristo brilla la luz de Dios en nuestras vidas. La próxima vez que veas una nube en el cielo azul, espero que te recuerde la presencia amorosa de Dios, porque Él es el poder que hay detrás de esa nube y de tu vida.
Padre, te alabo por tu presencia en mi vida. Dame fuerza, humildad y sabiduría para escuchar a tu Hijo y reflejar su luz en este mundo. En el nombre de Cristo, Amén.