1 Reyes 18:41-46
LA LLUVIA TORRENCIAL
“[…] el cielo se oscureció con nubes y viento, y cayó un fuerte aguacero”.
1 Reyes 18:45
La contienda al pie de aquella montaña era inusual y desigual. Se trata de una prueba increíble: determinar quién es el verdadero Dios en Israel. Por un lado, están 450 profetas de Baal, el dios de la fertilidad y la lluvia. Por el otro, se encuentra el profeta Elías, representante del Dios de Israel, y quien se ha encargado de disponer en qué consiste la prueba.
Se trata de que cada bando construya un altar, y coloque un buey encima, y el Dios que responda con fuego, ese es el verdadero Dios. La competencia es obviamente desigual, no por el número de profetas de un lado, sino que ellos representan ídolos que no pueden ver ni oír. Obviamente, Baal no pudo responder con fuego, mientras que el Dios Jehová, el Dios de Israel envió un fuego que consumió el altar con todo y piedras.
Sin embargo, el trabajo de Elías aún no ha terminado, pues como una muestra del poder de Dios, también la sequía de tres años va a llegar a su fin como él ya lo había anunciado. Lo que Baal, el dios de la lluvia, no pudo lograr, el verdadero Dios del universo sí lo va a llevar a cabo. Una pequeña nube se eleva sobre el mar y acaba provocando un enorme aguacero. Esta es una lección dirigida, sobre todo, a aquellos que ponen su esperanza en los ídolos. Sólo el Dios verdadero puede detener nuestra sequía espiritual cuando acudimos a él con fe y arrepentimiento.
Padre celestial, danos sabiduría para alejarnos de los ídolos tentadores, pero vacíos. Gracias por darnos verdadera felicidad y propósito en Jesucristo. Amén.