Salmo 148
¡ALABADO SEA EL SEÑOR!
“¡Alaben al Señor desde la tierra, monstruos del mar, y mar profundo! ¡El rayo y el granizo, la nieve y la neblina! ¡El viento tempestuoso que cumple sus mandatos!”
Salmo 148:7-8
Hay paisajes tan hermosos que nos detenemos a contemplarlos por unos instantes cuando hace buen tiempo. En ocasiones recorremos estos lugares solo por sus fascinantes vistas, o por los olores y sonidos que producen. Al mirar una cascada, un monte elevado o simplemente una flor exótica, ¿se ha puesto a pensar cómo es que algo tan admirable pudo haber sido creado?
En la lectura de hoy, hay un llamado a toda la creación de Dios para que alabe al Señor. Y, para no variar, algunos fenómenos relacionados con el clima, como los relámpagos, el granizo, la nieve y los vientos tormentosos, se unen a esta exuberante celebración. ¿De qué manera estas cosas alaban al Señor? Simplemente hacen lo que su Creador les llama a hacer. Por ejemplo, el viento tempestuoso cumple su tarea de alabar siendo un viento tempestuoso.
Es triste que mucha gente se distraiga con imágenes y ruidos artificiales y que no presten atención a este coro jubiloso. Es una sinfonía natural que es un deleite para el alma y puede motivarnos a alabar a nuestro Creador. Como seres humanos y corona de la creación de Dios, estamos invitados a unirnos a la alabanza al Señor. Es una alabanza muy especial porque, a diferencia del granizo y la nieve, podemos orar o cantar una canción. Podemos alabar a Dios no solo como nuestro Creador, sino también como nuestro Redentor.
Padre, te damos gracias por la belleza de tu creación. Danos un corazón de alabanza, y muéstranos cómo podemos glorificar mejor tu nombre en nuestras vidas. Por Jesús, Amén.