15 de junio del 2024
Jeremías 22:1-8
BUENAS NUEVAS PARA LOS OPRIMIDOS
“Practiquen en este lugar la justicia y la rectitud, libren del explotador al oprimido”. Jeremías 22:3a
El lenguaje que Jeremías usa en este pasaje puede ser calificado de subversivo en nuestro tiempo. No se oye hablar mucho de justicia social en algunas iglesias, como si la injusticia y la opresión no ocurrieran entre los creyentes. Pero, ¿acaso no cosas como la segregación racial y el apartheid ocurrieron en países conocidos como cristianos, y a veces, hasta justificados por los grupos religiosos? Jeremías va a visitar al rey de Judá para darle este mensaje que en teoría él ya conocía: practicar la justicia en favor de los grupos vulnerables existentes en aquel entonces. Sus palabras fueron contundentes y claras: debían erradicar de sus prácticas la explotación, la opresión, dejar de humillar a los débiles y desvalidos como las viudas y los huérfanos o cualquier práctica que fuera en contra de la vida, dando prioridad a las personas excluidas. Incluso se prohibía asesinar, de modo que se pudiera garantizar la perpetuidad en la descendencia de David, y así ésta pudiera continuar. Los creyentes de hoy tenemos la responsabilidad de escuchar con atención el mensaje social de los profetas. Es una palabra que no va dirigida solo a los gobernantes, sino a todo el pueblo que no está excluido de obrar injustamente. Una buena relación con Dios envuelve reflejar su carácter con aquellos que él busca proteger de atropellos.
Amado Señor, ayúdanos a ser más conscientes de nuestras formas de comportarnos con nuestros semejantes y hacer a un lado todo aquello que nos aleja de tu justicia. Por el amor de Jesús, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales