09 de junio del 2024
Jeremías 16:16-20
COBERTURA TOTAL
“Señor, fuerza y protección mía, mi refugio en el momento de peligro”. Jeremías 16:19
Vivimos en un mundo violento, donde la inseguridad y la falta de protección están en aumento. Somos vulnerables ante amenazas de todo tipo: físicas, emocionales y espirituales. Se trata de peligros para los cuales no hay recursos que nos puedan proporcionar un blindaje confiable. Encontramos, es cierto, remedios temporales, pero pronto nos damos cuenta que un refugio permanente se encuentra más allá de nuestro alcance. Esta necesidad de protección y resguardo está más allá de lo concreto y la única esperanza radica en Jesucristo. Él no solo nos proporciona consuelo y paz interior, sino que también ofrece una esperanza y salvación más allá de esta vida. La inseguridad es una realidad que enfrentamos constantemente, pero al refugiarnos en Jesucristo, encontramos un ancla para nuestra alma, una certeza de que, sin importar las circunstancias externas, estamos protegidos y amparados bajo su cuidado. En el pasaje de hoy, el profeta Jeremías expresa esa confianza en medio de circunstancias nada placenteras. Hay amenazas de guerra, pronósticos de hambruna y, con éstos, los riesgos de epidemias devastadoras, que pueden hacer desfallecer el corazón de cualquier persona. Él sabe que, aunque estas cosas a veces sean inevitables, la protección del Señor no disminuye en momentos de peligro. ¿Ha puesto usted su vida al resguardo del Señor?
Dios nuestro, solo tú eres nuestro refugio ante los peligros que nos acechan. Confío en tu protección y pongo mi vida a tu resguardo. En el nombre de Jesucristo, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales