Proverbios 1:1-9
LA BENDICIÓN DE OÍR A LOS PADRES
“Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre, pues serán para ti un bello adorno: como un collar o una corona”.
Proverbios 1:8-9
No es fácil en este tiempo captar la atención de los hijos. No es un problema que comience en la adolescencia, pues ya desde pequeños se acostumbran a estar absortos en dispositivos que los mantienen entretenidos. Pero en algún momento de su vida, van a dejar de escuchar a sus padres y a poner más atención a lo que los amigos dicen o lo que los influencers promueven.
Dios nos llama a resistir esa tendencia, y se pone de nuestro lado haciendo un llamado directo a los hijos. Él nos provee de todo un libro en el que de una manera paternal habla al corazón de las nuevas generaciones. Los hijos deben escuchar a los padres, pero éstos no deben rehuir la tarea divinamente establecida de instruir y enseñar a los hijos. No hay nadie más que la pueda hacer por ellos.
Vale la pena notar que, de acuerdo con el pasaje, esto envuelve al padre y a la madre. El rey Lemuel, un caso que se menciona en este libro, recibió las enseñanzas a través de su madre (Prov. 31:1). En ninguna parte de este libro se menosprecia lo que las madres pueden hacer en la crianza de los hijos. Por eso, cuando usted diga, a mis hijos los educo yo, más vale que sea cierto. Una educación así no tiene precio, y es tan evidente y hermosa como las joyas que adornan el cuerpo. No hay mejor legado que podamos darle a nuestros hijos que una instrucción sólida en los caminos de Dios.
Bendito Dios, gracias por recordarnos la tarea tan importante que tenemos como padres y por proveernos de la ayuda necesaria para realizarla. En Cristo, amén.