Isaías 49:13-18
EL AMOR DE UNA MADRE
“Pero ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré”.
Isaías 49:15
En este pasaje Dios hace una pregunta que en nuestro tiempo debería sacarnos los colores. Vivimos en una época en que las leyes en favor del aborto sin restricciones se celebran en nuestro tiempo como uno de los signos más notables de progreso. El amor de una madre, que aún se celebra en muchos países, es más bien ridiculizado y despreciado por quienes no quieren saber nada de la maternidad.
En esta pregunta, Dios reconoce de manera indirecta la profundidad del amor de una madre. Al buscar un amor con el cual comparar el que él tiene por su pueblo, el recurre al que una madre tiene por sus hijos. Y no debería de extrañarnos, pues es el Creador quien conoce la manera en que ha diseñado el cuerpo de la mujer para formar un vínculo especial entre madre e hijo desde el vientre mismo. Tal y como lo revelan algunas investigaciones, en el cuerpo de la madre ocurren procesos concatenados y precisos para fortalecer este vínculo.
Pero la Biblia tampoco ignora el mundo caído en el que vivimos, y reconoce que lo contrario puede ocurrir. Por esto, Dios nos hace una preciosa promesa: “Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré. Yo te llevo grabada en mis manos” (v. 15-16). ¿No le parece asombroso y alentador saber que tenemos a nuestra disposición un amor inalterable y perfecto como el de nuestro buen Dios?
Gracias, oh, Dios, por recordarme el inmenso amor de una madre. Te agradezco porque a través de este ejemplo nos diriges a tu amor inagotable y redentor. En el nombre de Cristo, amén.