Salmo 27:1-14
DIOS NUNCA NOS ABANDONARÁ
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá”. Salmo 27:10
Hoy existe un fenómeno que muchos conocen y han sufrido: el “ghosting”. De repente, alguien con quien tenías una relación cercana deja de responder. Sin explicación, sin despedida. Simplemente desaparece. Y esa forma de rechazo, silenciosa pero muy real, puede dejar marcas profundas. En una sociedad donde las relaciones se rompen con facilidad, muchos cargan con la sensación de haber sido rechazados. Puede venir de una amistad que terminó, de una relación que no funcionó o de una etapa que se cerró de forma dolorosa. Y ese rechazo, cuando no se sana, puede quedarse marcado en lo profundo del corazón.
El salmista David conocía ese dolor. En el Salmo 27 llega al punto más vulnerable: imagina que incluso su padre y su madre lo abandonaran. Y aun en ese escenario extremo, encuentra una certeza que no depende de nadie más: “Jehová me recogerá”. No como consuelo vacío, sino como convicción real. Nuestra identidad no puede estar construida sobre la aceptación de otros, porque las personas fallan. Necesita estar construida sobre Aquel que no se mueve cuando las relaciones se rompen.
En Jesucristo encontramos esa aceptación plena. Él se acerca al corazón herido, restaura la dignidad y nos integra en la familia de Dios. Donde hubo rechazo, Él ofrece pertenencia; donde hubo dolor, Él trae sanidad. Aunque otros no hayan sabido ver nuestro valor, Dios sí lo ve con claridad. Y en sus manos, aquello que parecía descartado puede ser restaurado, redimido y lleno de propósito.
Padre nuestro, gracias porque nos permites encontrar aceptación en los brazos de Jesús. Cura las heridas provocadas por el rechazo y acéptanos en tu gran amor. En Cristo, Amén.