15 de septiembre del 2026
Mateo 14:22-33
SIN MIEDO
“Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. Mateo 14:27
Los niños pequeños no conocen el miedo de la misma manera que los adultos. Se trepan a los árboles sin pensar en caerse, se lanzan al agua sin medir la profundidad, corren sin mirar hacia atrás. Con los años, el miedo va llegando. Y hay temores que protegen, que cuidan. Pero no todo miedo es sano. Hay temores que no protegen, sino que paralizan. Son esos miedos silenciosos que nos limitan, que nos impiden avanzar, obedecer a Dios o vivir con libertad. Poco a poco, nos roban la paz y la alegría. La historia de Pedro caminando sobre el agua lo ilustra bien. Mientras mantuvo su mirada en Jesús, pudo avanzar en medio de lo imposible. En el momento en que sus ojos se movieron hacia las olas, comenzó a hundirse. No cambió el viento, no cambió el mar, solo cambió su mirada. En ese momento crítico, clamó: “¡Señor, sálvame!”. Y Jesús, sin demora, extendió su mano y lo sostuvo. No lo dejó caer. Antes ya les había dicho: “No tengan miedo”. Esa misma voz sigue hablándonos hoy. Muchos se sienten como si estuvieran hundiéndose en las aguas de la vida, rodeados de incertidumbre y temor. Pero la buena noticia es que Cristo no se mantiene distante. Él sigue extendiendo su mano firme para sostenernos. No siempre calmará la tormenta de inmediato, pero siempre estará presente en medio de ella. Cuando volvemos a fijar nuestra mirada en Él, el miedo pierde su dominio, y encontramos el valor para seguir adelante, sostenidos por su gracia.
Jesús, queremos vivir una vida sin temor, fortalece nuestra confianza en Ti y permítenos tomar tu mano, donde siempre estaremos protegidos y seguros. Amén.
Mucha gente cree que su vida emocional no tiene nada que ver con su fe o su desenvolvimiento religioso. No saben que se están engañando. Las enseñanzas del evangelio son un remedio eficaz, para curar las heridas del alma. Nuestro lado emocional puede volverse inestable como las tempestades de verano; traumáticas, turbulentas y dolorosas, como lo que un huracán deja al pasar. A pesar de todo, la gracia de Dios nos da la posibilidad de restaurar, equilibrar y de pacificar nuestros sentimientos más profundos. Es de esta gracia que todos nosotros necesitamos, para enfrentar las tempestades de la vida y mantenernos serenos y equilibrados.
Robert Heerspink
Robert Heerspink fue pastor de varias iglesias, y director del ministerio Back to God (De regreso a Dios). Una de sus pasiones era la escritura, sobre todo, devocionales para el pueblo de Dios.