Juan 1:5-10
LA SANGRE PURIFICADORA
“La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado”.
1 Juan 1:7
Es imposible negar la realidad del pecado, aunque mucha gente se esfuerce por demostrar que el hombre es bueno por naturaleza. Basta con echar un vistazo y podemos ver sus efectos todos los días en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. El caos moral y espiritual en que vivimos es una muestra del alejamiento del diseño de Dios para este mundo que es suyo. Como un autor cristiano lo expresa, hemos vandalizado la creación de Dios.
Pecamos contra Dios en nuestras palabras, pensamientos y acciones, e incluso al no hacer el bien que deberíamos hacer. Pecamos porque somos pecadores. Fuimos concebidos y nacidos en pecado, y vivimos en pecado. No podemos limpiarnos a nosotros mismos. El pecado ha afectado nuestra razón, emoción y voluntad. Todas las áreas de nuestras vidas han sido contaminadas por el pecado. Ningún ritual religioso puede limpiarnos del pecado. El pecado nos separa de Dios, levantando una barrera que no podemos cruzar.
Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, ha hecho por nosotros lo que nosotros no podemos hacer. Por su muerte tenemos vida, y por su sangre somos limpios de todo pecado. Ningún pecado que cometamos es demasiado grande para que él lo cubra, o tan malo que Dios no pueda perdonarlo. En Jesucristo, nuestro Salvador, tenemos redención ¡abundante, plena y gratuita!
Señor, santo es tu nombre. Gracias por el perdón total y gratuito que la sangre de Jesús ha comprado para mí, permitiéndome estar cerca de ti. En el nombre del Salvador, Amén.