Filipenses 2:1-4
COMPETENCIA... COOPERACIÓN
“Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros”.
Filipenses 2:4
Casi no hay ámbito en que no se viva un ambiente de rivalidad o competencia. Ocurre en el campo de juego, en el mercado, en el aula. Por supuesto que, como creyentes, debemos darle a Dios lo mejor de nosotros, pero nunca al precio de otros. Es natural que hagamos las cosas buscando nuestro interés, pero demostramos gracia y madurez cuando perseguimos el beneficio de los demás.
A todos nos encanta un juego competitivo, pero ¿se ha preguntado si a veces no caemos en exceso y si la competencia oscurece la cooperación? ¿Desarrollar un “instinto asesino” es más valioso que ofrecer un vaso de agua fría? 1 Corintios 6:12 nos recuerda que todo (inclusive la competencia) es permisible. Pero no nos debemos dejar dominar por algo que no sea Jesucristo.
Hay un juego de simulación en el que cada grupo participante decide sacar una tarjeta roja o una tarjeta negra al final de cada ronda. El objetivo es confiar en el otro equipo y trabajar de forma cooperativa para que todos los equipos ganen. Pero la naturaleza competitiva de quien participa puede salir a relucir, y por lo tanto, los equipos perderán. Estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús. Esto no significa que tenemos que renunciar a todas las formas de competencia, pero sí significa que debemos estar alerta contra toda ambición egoísta y presunción vana.
Señor, tu gracia irresistible me ha levantado y ha reducido mi carga. Ayúdame a ser una persona amable y cooperativa con todos aquellos con quienes me encuentro hoy. En tu nombre, amén.