Lucas 1:5-25
HORA DE NACER
“Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento…” Lucas 1:14
Hay anhelos que se guardan en silencio durante años. Muchas parejas sueñan con un hijo, imaginan su risa en la casa, sus pasos pequeños llenando los pasillos, su voz llamándolos “papá” y “mamá”. Creen —y con razón— que un hijo no solo agranda la familia, sino que ensancha el corazón. Así vivieron Zacarías y Elisabet. Su deseo no era superficial; era una oración repetida, una esperanza que parecía desvanecerse con el paso del tiempo. Pero el cielo no había olvidado. En un momento inesperado, Gabriel apareció con una noticia imposible: sus oraciones habían sido oídas. Dios no solo les daría un hijo; les integraría en la historia de la redención.
Aquel niño tendría nombre, identidad y misión. “Llamarás su nombre Juan… y será lleno del Espíritu Santo” (Lucas 1:13,15). Nada en ese nacimiento sería casual. En hebreo, Juan significa “Dios ha mostrado gracia”. Cada vez que pronunciaban su nombre, recordaban que eran el testimonio viviente del favor divino.
Quizá hoy también sea hora de nacer. Tal vez no un hijo, pero sí una nueva etapa, una restauración, una esperanza que parecía estéril. La gracia de Dios todavía visita hogares, todavía sorprende a los que creen haber esperado demasiado. Cuando la gracia nace en casa, todo cambia. Y entonces entendemos que no fuimos olvidados, sino favorecidos por el Dios de lo imposible.
Dios nuestro, derrama tu gracia sobre nuestras familias. Que tu presencia llena de amor y poder nos ayude a vivir con gozo y alegría. En el nombre de Jesús, Amén.