01 de enero del 2024
Génesis 1:1-13
TIEMPO DE ESPERANZA
Recuerde que siempre podemos acudir a nuestro padre celestial: “En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra”. Génesis 1:1
¿No le parece un prólogo genial para un buen inicio de año? “En el comienzo de todo, Dios…”. En cada decisión que tomar, en cada nuevo camino que emprender o, simplemente, al comenzar un nuevo día. Ni un solo movimiento si no va Dios por delante. ¡Y vaya que lo necesitamos! El texto habla de un momento en que no había siquiera seres humanos; todo era un mar profundo y oscuro. ¿Qué hace la diferencia en medio de ese caos y vacío? “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Así como al principio, Dios se encuentra hoy con nosotros y está pendiente del desorden mundial. Ve cómo se cortan árboles y se hacen obras y viviendas que rellenan pantanos y secan los ríos. Mira cómo el cielo se llena de humos que tapan la entrada del sol y no dejan que el calor suba y se disuelva. Sin embargo, el Espíritu de Dios se mueve y despierta nuestras conciencias para tomar medidas de modo que la creación no siga destruyéndose. En este mundo en caos y continuo crecimiento, solo Dios puede hacer un cambio radical en nuestras vidas. Ya la luz que alumbra a todo hombre, Jesucristo, ha venido para darnos una vida de plena de confianza. Y este Jesús, por quien todas las cosas fueron hechas, no se complace en el deterioro de este planeta que él tomó como su tabernáculo temporal. Es solo en él que tenemos la esperanza de un mundo mejor.
Dios, en este año, dame la fuerza para ponerte a ti en primer lugar, y contribuir para que este tu mundo sea más seguro, confiable y con esperanza. En Jesucristo, Amén.
La Biblia comienza con el relato de la creación, y, de igual modo, el Credo de los Apóstoles inicia con la afirmación: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”. Dios mismo dijo de su obra que “Todo lo que había hecho era bueno en gran manera”. Aunque muchas veces tendemos a menospreciar esta creación, ésa no es la enseñanza bíblica en ningún momento. Sin embargo, sí tenemos que reconocer que vivimos en un mundo bajo los efectos del pecado. Y aun así, nuestra vida cotidiana debe estar marcada por el reconocimiento de que esas actividades también le importan a Dios. Aun si la tierra no responde a nuestros esfuerzos como era originalmente el diseño divino, nosotros estamos llamados a reflejar nuestra preocupación por darle la gloria a Dios en donde quiera que nos desenvolvamos. El devocional de este mes busca mostrarnos la forma en que los primeros pobladores de nuestro planeta lidiaron con esas dificultades, y aun así, encontraron maneras de relacionar sus actividades diarias con su servicio a Dios. Por eso, esperamos que al final usted pueda decir: ¡Qué hermoso es vivir en este mundo que Dios ha creado aun con todas sus dificultades!
Samuel Olán Pérez
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales.