2 Timoteo 4:9-18
NUNCA ESTUVE SOLO
“Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león”. 2 Timoteo
Todos hemos puesto un contacto de emergencia alguna vez. Alguien de confianza, alguien que “siempre está”. Pero cuando llega la emergencia real y marcas ese número, a veces no contesta. Y en ese silencio, algo se rompe por dentro. No es solo la situación lo que duele, sino la sensación de que, en el momento más importante, estabas solo.
El apóstol Pablo también vivió esa experiencia. Demas, quien había sido su compañero en el ministerio, lo abandonó en un momento crucial. Y no solo él: Pablo reconoce que, en su hora de necesidad, muchos se apartaron. Imagina ese sentimiento de soledad y traición. Sin embargo, en medio de ese abandono humano, Pablo descubrió una verdad que lo sostuvo: no estaba realmente solo.
“Pero el Señor estuvo a mi lado”. Donde los contactos de emergencia fallaron, Cristo fue fiel. No cambió de número, no dejó de contestar, no se fue cuando más se le necesitaba. Otros pueden decepcionarnos, pero Jesús no. Él no se aleja, no cambia, no abandona. Cuando todo parece incierto, su presencia sigue firme, dándonos fuerzas para continuar. En Él encontramos un amigo constante, alguien en quien podemos confiar plenamente, aun cuando todo lo demás falle.
Señor Jesús, ayúdanos a comprender y perdonar las fallas de otros. Danos la seguridad de que estarás con nosotros en los momentos más importantes. Amén.