Hebreos 6:13-20
ESPERANZA FIRME
“Tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma…” Hebreos
Millones de personas compran un boleto de lotería cada semana con la misma esperanza: “¿y si esta vez soy yo?”. No es solo el dinero lo que buscan, sino la sensación de que un solo momento podría cambiarlo todo. Pero quienes han ganado grandes premios suelen contar una historia diferente: la euforia dura poco, los problemas regresan y el vacío permanece. Esa no es la esperanza que sostiene.
La esperanza cristiana no es un deseo vago de que las cosas mejoren. Es un ancla. Y un ancla no flota con la corriente, sino que se afirma en algo sólido que está más abajo, fuera de la vista, pero que sostiene todo. Lo que Cristo hizo es ese fundamento: no una promesa de circunstancias favorables, sino la certeza de un camino abierto hacia Dios y un destino que ninguna tormenta puede afectar.
Cuando la vida se mueve, el ancla no cambia de lugar. Esa es la diferencia entre una esperanza construida sobre lo que tenemos y una esperanza construida sobre quien es Cristo. Los boletos de lotería caducan, los premios se terminan, las circunstancias cambian. Pero Aquel en quien está puesta esta esperanza permanece fiel. Y eso es suficiente para seguir.
Padre celestial, no permitas que nuestras vidas vaguen por el mundo, ayúdanos por la fe en Cristo, a anclarnos en la salvación. En el nombre de Jesús, Amén.