24 de junio del 2024
Jeremías 50:4-8
LA CLAVE PARA UN LIDERAZGO RESPONSABLE
“Mi pueblo era como ovejas perdidas, mal guiadas por sus pastores, que las dejaron perderse en los montes”. Jeremías 50:6
No es siempre fácil contar con buenos líderes. En muchos lugares más bien la norma parece ser lo contrario. Tanto en lo político como en lo espiritual se adolece de la falta de un liderazgo responsable y compasivo. Los pastores, ya sean líderes políticos, religiosos o sociales, tienen una responsabilidad de cuidar y guiar a su pueblo hacia un futuro próspero y justo. El pasaje de hoy describe una imagen desgarradora de un pueblo como ovejas perdidas, mal guiadas por sus pastores, que han sido abandonadas en los montes. Esta metáfora resuena en la sociedad actual, donde a menudo vemos comunidades desatendidas y líderes que han fallado en proteger y guiar a su gente. Asimismo, todos somos responsables de ser buenos pastores para aquellos que nos rodean, mostrando empatía y compasión, especialmente hacia los más vulnerables. Tal parece que un mejor liderazgo no llega como producto de mejores técnicas y filosofías relacionadas a este tema. Una medida perdurable se menciona en el v. 5: “Vayamos al Señor, y unámonos con él en una alianza eterna, que no se olvide nunca”. Dios es el pastor de su pueblo, y, por eso, a Jesús se le llama el gran pastor, el buen pastor, y el príncipe de los pastores. Solo él puede llevar a una persona de vuelta al redil, y dar la dirección, provisión y protección que las ovejas necesitan. ¿Es ya Jesús su buen pastor?
Señor Jesús, permite que tu pueblo sea guiado por líderes que tengan vocación de servicio y capacidad de gestión para el bienestar de la población. Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales