14 de marzo del 2023
Eclesiastés 12:1-7
¿CUÁL ES TU LEGADO?
“Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven y que aún no han llegado los tiempos difíciles”.Eclesiastés 12:1
La vida pasa volando sin darnos cuenta. Parece que el día apenas comienza y ya viene uno nuevo. El afán por el trabajo y las distracciones nos limitan el tiempo que podríamos dedicar a nuestras relaciones. A menudo estamos estresados, con las emociones a flor de piel y sin ganas de hacer otras actividades. Pero hemos sigo creados para algo mayor que solo trabajar. ¡Somos mucho más de lo que hacemos! ¿Cómo viviría si supiera que solo le resta un mes de vida? ¿Cree que sería una oportunidad para ordenar los asuntos cotidianos y atender los más importantes? Esto es justo lo que pasa cuando ponemos atención a nuestra salud espiritual. Si ponemos en primer lugar nuestra relación con Dios, Él mismo nos ayudará a organizar todo lo demás. El rumbo de nuestra vida cambiará y estaremos construyendo un legado permanente. Jesús dijo: “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5). Podemos acumular trofeos, diplomas o legado. Los trofeos son los primeros que se van a la basura en un cambio de casa. Los diplomas quedarán en un archivero, y perderán su importancia. Pero el legado es lo que dejamos en esta vida para el futuro de toda una generación. ¿Cuál será el legado que dejarás?
Señor, ayúdame a dejar un legado de vida que impacte a aquellos que amo. En el nombre de Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.